Que un bloque de mármol salga de la cantera de Saraylar y llegue a un proyecto arquitectónico en Europa parece, vista desde fuera, una sencilla cadena logística. Sin embargo, ese viaje es un proceso multinivel que exige el trabajo coordinado de decenas de actores en un calendario y un umbral de calidad concretos. Como Alpay Doğaltaş no tenemos cantera ni fábrica propias; nuestro papel es ser el orquestador de esta cadena. Con la acumulación familiar de tres generaciones, articulamos un único flujo que preserva el pliego del cliente entre los socios de cantera, los talleres de corte y pulido, las unidades de control de calidad, los equipos de embalaje y los socios logísticos portuarios de la cuenca de la Isla de Marmara.
El proceso comienza con el pliego técnico que recibimos del cliente. Un arquitecto puede pedir placa de Mármol Clásico para un proyecto residencial, un gran formato de Blanco Puro para el lobby de un hotel, Dolomita Blanca para una encimera de isla o un árido de calcita con cierto tamaño de grano para la fabricación de terrazo. En el pliego se incluyen la estructura de la veta, el rango de tono, el espesor de placa, el acabado superficial, la tolerancia dimensional y la fecha de entrega. Tan pronto recibimos ese pliego, nos dirigimos a nuestros socios de cantera de la región de Saraylar. Qué cantera da, en qué temporada y desde qué estrato, qué tipo de bloque, es información registrada en la memoria acumulada generación tras generación. Para la veta gris del Mármol Clásico se prefieren ciertos yacimientos, para la proporción de contraste del Panda otros estratos, para el ritmo lineal del Pijama Ecuador otra orientación. Esa mirada, acumulada por nuestra familia que se extendió desde Sürmene a Saraylar en 1962, es un conocimiento que no cabe en una fotografía.
La selección del bloque se realiza en el terreno. Junto a nuestro socio de cantera leemos las caras laterales, evaluamos la dirección de la veta, las marcas de fisura, las transiciones de color y los posibles riesgos de oquedad. Las caras frontal y trasera del bloque no son suficientes por sí solas; leer las cuatro caras juntas muestra el carácter real del lote. Aprobada la selección, el número de bloque, los datos de peso, el croquis de dirección de veta y el registro fotográfico pasan al expediente. Este registro forma parte de la memoria corporativa que nos permite volver más adelante, si el mismo proyecto requiere lotes adicionales, al mismo estrato del mismo yacimiento.
Una vez fuera de la cantera, el bloque se dirige a nuestros talleres aliados. Allí se calcula el plan de corte en función de la superficie del proyecto, las dimensiones de placa y la dirección de veta. El corte de slab estándar es uno, el corte paralelo orientado al bookmatch es otro y el corte monumental en gran formato requiere su propia calibración. Los talleres aliados están integrados por equipos que han conocido durante años nuestro lenguaje de pliego. Ellos conocen nuestro umbral de tolerancia y nosotros confiamos en su precisión de corte. Esa familiaridad mutua es la columna vertebral para sacar lotes sin error. El espesor de placa se calibra a dos, tres o, en proyectos especiales, cuatro centímetros, y los cantos se regularizan con corte en bisel.




